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viernes, 26 de abril de 2019

Balada de la primera novia - Alejandro Dolina




El poeta Jorge Allen tuvo su primera novia a la edad de doce años. Guarden las personas mayores sus sonrisas condescendientes. Porque en la vida de un hombre hay pocas cosas mas serias que su amor inaugural.
    Por cierto, los mercaderes, los Refutadores de Leyendas y los aplicadores de inyecciones parecen opinar en forma diferente y resaltan en sus discursos la importancia del automóvil, la higiene, las tarjetas de crédito y las comunicaciones instantáneas. El pensamiento de estas gentes no debe preocuparnos. Después de todo han venido al mundo con propósitos tan diferentes de los nuestros, que casi es imposible que nos molesten.
    Ocupémonos de la novia de Allen.

martes, 19 de marzo de 2019

Rosas silvestres (Clarice Lispector)

Sólo estas palabras, rosas silvestres, ya me hacen aspirar el aire como si el mundo fuera una rosa cruda. Tengo una gran amiga que me manda de vez en cuando rosas silvestres. Y su perfume, mi Dios, me da ánimo para respirar y vivir. Las rosas silvestres tienen un misterio de los más extraños y delicados: a medida que envejecen perfuman más. Cuando están por morir, ya ajándose, el perfume se vuelve fuerte y dulzón, y recuerda las perfumadas noches de luna de Recife. Cuando finalmente mueren, cuando están muertas, muertas —ahí entonces, como una flor renacida en la cuna de la tierra, es cuando el perfume que exhala de ellas me embriaga. 



sábado, 2 de noviembre de 2013

Muestra El Resorte, Maldito. Por Margarita Wanceulen.





Sí, tú, muéstra el resorte. Sí, ese mediante el cual, te has servido en la vida, para hundir a los demás, para hacerles daño,para ningunearlos.
Tú que siempre habías sido un necio, tan simple, tan obtuso. Cómo pudiste llegar tan lejos, si ni siquiera en la infancia habías apuntado a lo alto, salvo para disparar a los pájaros, con aquellos dardos que fabricabas solo para destruir los nidos.

Sin deuda ninguna. Por Margarita Wanceulen.



Cuando nos presentaron, me extendió la mano y apretó la mía con fuerza. Sus rasgos y su porte parecían
indicar que era un experto hombre de finanzas.
Comenzó a hablarme del asunto que nos había llevado hasta él, a mi esposa y a mí. Mi cuerpo sudaba con
exageración, a pesar de que yo intentaba por todos los medios, transmitir una aparente serenidad.
La primera en hablar fue Cecilia, pobre mía, tan bondadosa, la madre de mis hijos y mujer de mi vida. Le
temblaba el labio superior cuando expuso nuestro problema a aquel director de banco: “ No podemos
pagar el préstamo de la hipoteca, señor, no, no es que no queramos, es que, como usted sabe, nos han
venido mal dadas las circunstancias y solo ingresamos el pequeño subsidio de desempleo de mi marido,
mire tenemos dos hijos y no podemos dejarles sin comer, usted me entiende, será padre también.”
“ Sí, sí, ya sé, pero el banco ha hecho todo lo posible y lo imposible para facilitarles el trance, y, ahora
mismo, ya saben cómo está todo, en fin,¿ me entiende? “

domingo, 18 de diciembre de 2011

FELICIDAD CLANDESTINA,CLARICE LISPECTOR



Felicidad clandestina
[Cuento. Texto completo]

Clarice Lispector
Ella era gorda, baja, pecosa y de pelo excesivamente crespo, medio amarillento. Tenía un busto enorme, mientras que todas nosotras todavía eramos chatas. Como si no fuese suficiente, por encima del pecho se llenaba de caramelos los dos bolsillos de la blusa. Pero poseía lo que a cualquier niña devoradora de historietas le habría gustado tener: un padre dueño de una librería.

No lo aprovechaba mucho. Y nosotras todavía menos: incluso para los cumpleaños, en vez de un librito barato por lo menos, nos entregaba una postal de la tienda del padre. Encima siempre era un paisaje de Recife, la ciudad donde vivíamos, con sus puentes más que vistos.

jueves, 8 de julio de 2010

Croar del alma .Horacio Castillo


Croar del alma


Cuando mi alma, como una rana, salte a la nada,
la oirán croar, croar toda la noche,
croar arriba y abajo, al este y al oeste,
hasta que el ojo monótono de la luna llore en los pantanos,
hasta que cese el espanto y empiece la eter
nidad.

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