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sábado, 23 de noviembre de 2024

Lydia Davis, Cuatro cuentos

 



La escapada


Una explosión de ira cerca de la ruta, decir que no a la charla en el camino, un silencio en el bosque de pinos, otro silencio sobre el puente viejo del ferrocarril, intentar una muestra de afecto en el agua, decir que no a terminar la discusión entre las piedras llanas, un grito de bronca en la barranca, un llanto entre los yuyos.

miércoles, 25 de septiembre de 2024

Los Huéspedes. Saki





-El Paisaje que se ve desde nuestras ventanas es verdaderamente encantador –dijo Annabel-; esos huertos de cerezos y esos prados verdes, y el río que serpentea a lo largo del valle, y la torre de la iglesia asomándose entre los olmos, todo eso hace una verdadera pintura. Ha algo, aquí terriblemente soñoliento y lánguido, sin embargo; el estancamiento parece ser la nota dominante. Nunca pasa nada; tiempo de sembrar y de cosechar, una ocasional epidemia de sarampión o una tempestad moderadamente destructiva, y un poco de excitación por las elecciones más o menos una vez cada cinco años, eso es todo lo que tenemos para alterar la monotonía de nuestras existencias. 
¿Más bien horrible, no es cierto?

lunes, 3 de octubre de 2022

Ragazza che precipita. Dino Buzzati



A diciannove anni, Marta si affacciò dalla sommità del grattacielo e, vedendo di sotto la città risplendere nella sera, fu presa dalle vertigini.
Il grattacielo era d’argento, supremo e felice in quella sera bellissima e pura, mentre il vento stirava sottili filamenti di nubi, qua e là, sullo sfondo di un azzurro assolutamente incredibile. Era infatti l’ ora che le città vengono prese dall’ispirazione e chi non è cieco ne resta travolto.
Dall’aereo culmine la ragazza vedeva le strade e le masse dei palazzi contorcersi nel lungo spasimo del tramonto e là dove il bianco delle case finiva, cominciava il blu del mare che visto dall’alto sembrava in salita. E siccome dall’oriente avanzavano i velari della notte, la città divenne un dolce abisso brulicante di luci; che palpitava.

viernes, 30 de julio de 2021

José María Marcos. Ceguera


No habrá nunca una puerta. Estás adentro.

Jorge Luis Borges, Laberinto

 



Hoy estoy ciego, y si bien me es difícil hablar de felicidad, puedo decir que he alcanzado cierto grado de serenidad, y de satisfacción.

Durante largos años esperé esta ceguera, que de día es como una tela amarillenta, sucia, porosa, y sólo de noche, distante de cualquier simulacro del sol, es oscura como lo he deseado, no sé si con fervor pero sí con secreta desesperación.

Ya en la infancia sabía que era distinto a mis hermanos, a mis padres, a mis amigos. Mi aspecto era el de un niño común y corriente, desgarbado, solitario y asediado por constantes ataques de alergia. Lo diferente tenía que ver con algo que se manifestó una tarde en Hust, en la quinta de mis padres, y que sólo puedo expresar con torpes palabras.

lunes, 26 de abril de 2021

La luna, a retazos y en liquidación31 agosto, 2006. Hernán Casciari



Este relato apareció por primera vez en el blog Orsai, de Hernán Casciari, el 31 agosto, 2006.

Acaba de llegarme el título de propiedad de un terrenito que me compré en la Luna. Me costó 20 dólares —gastos de envío aparte— y lo pagué con tarjeta. Además del certificado con mi nombre grandote, me vino por correo una foto satelital de mi parcela. No sé si ustedes estarán viendo la Luna, pero si la tienen a mano dibujen en ella una cara imaginaria. Mi terrenito estaría sobre el ojo derecho. La región se llama Lago de los Sueños (Lacus Somniorum en latín) y está casi saliendo del Mar de la Serenidad, como quien va al Cráter Posidonius.

El acre que me compré no es gran cosa, también es verdad: haciendo cuentas descubrí que son apenas cuatro mil metros cuadrados. De todas maneras, el hombre que me vendió el terrenito dice que esta zona se está convirtiendo en una de las más deseadas, y me advirtió que me apurase porque se las estaban sacando de las manos. ¿Cómo no iba a hacerle caso a este señor, si es un visionario de la modernidad?

El dueño de la Luna se llama Dennis Hope, pero no siempre fue tan moderno ni tan visionario. De hecho, en su niñez y juventud él miraba la luna como la vemos nosotros: con cara de pavo y pensando en otra cosa. En los años setenta este buen hombre, algo gordito y con gesto entre pánfilo y boludón, trabajaba de ventrílocuo. Iba pueblo por pueblo, junto a un teatro de variedades que funcionaba en el sur de Estados Unidos. A Dennis las cosas no le iban muy bien porque, al parecer, movía demasiado los labios. Pero insistía.

Según dicen, Dennis seguía en el pobre teatro rodante porque estaba enamorado de la hija del dueño. Una chica que se llamaba Alice y que hacía equilibrio o malabares, según la necesidad. Pero la chica era menor, y entonces él la deseaba en silencio, y esperaba a que cumpliera dieciocho para declararse. En medio de la espera, se casó con una bailarina mexicana, pero el matrimonio funcionó muy mal.

sábado, 7 de noviembre de 2020

Haruki Murakami: La chica del cumpleaños

El día de su vigésimo cumpleaños también trabajó de camarera, como de costumbre. Le tocaba todos los viernes, pero, de hecho, aquel viernes por la noche no debería haber trabajado. Había intercambiado su turno con otra chica que también trabajaba por horas. Lógico. La mejor manera de pasar el vigésimo cumpleaños no es sirviendo gnocchi de calabaza y fritto misto di mare entre los berridos del cocinero. Pero el resfriado de la compañera con quien debería haber intercambiado el turno empeoró y ésta tuvo que meterse en cama. Con casi cuarenta grados de fiebre y una diarrea imparable, no podía ir a trabajar. Ésa era la situación. Y fue ella quien tuvo que acudir apresuradamente al trabajo.



—No te preocupes —consoló por teléfono a la enferma ante sus disculpas—. No porque una cumpla veinte años tiene que hacer algo especial.

Haruki Murakami: Quemar graneros


La conocí en la boda de un amigo y nos hicimos íntimos. Fue hace tres años. Entre nosotros casi había una generación de diferencia; ella tenía veinte años, yo treinta y uno, aunque en verdad eso no representaba ningún impedimento. Tenía muchas otras preocupaciones en mente en aquel momento y, para ser sincero, no le dediqué un solo minuto de mi tiempo al asunto de la edad. Tampoco significó nada para ella desde el principio. Yo estaba casado y eso tampoco le importó. Cuestiones como la edad, la familia o el dinero que ganaba no parecían importarle lo más mínimo. Era algo innato en ella, como la talla de sus zapatos, el tono de su voz o la forma de sus uñas. Esa clase de cosas que no podían cambiarse por mucho que uno pensara en ellas. Visto así, no le faltaba razón.



Se ganaba la vida como modelo publicitaria y así se pagaba las clases de pantomima que impartía no sé qué maestro. No le gustaba su trabajo y a menudo rechazaba lo que le ofrecía la agencia, de ahí que sus ingresos fueran exiguos. Sus carencias financieras las cubría, al parecer, gracias a la buena voluntad de unos cuantos novios. En ese momento no podía saberlo a ciencia cierta, solo eran piezas sueltas de un puzle que fui juntando a lo largo de muchas conversaciones.

lunes, 2 de noviembre de 2020

Esa Mujer. Rodolfo Walsh


Fidel Sclavo

El coronel elogia mi puntualidad:

—Es puntual como los alemanes —dice.

—O como los ingleses.

El coronel tiene apellido alemán.

Es un hombre corpulento, canoso, de cara ancha, tostada.

—He leído sus cosas —propone—. Lo felicito.

Mientras sirve dos grandes vasos de whisky, me va informando, casualmente, que tiene veinte años de servicios de informaciones, que ha estudiado filosofía y letras, que es un curioso del arte. No subraya nada, simplemente deja establecido el terreno en que podemos operar, una zona vagamente común.

Desde el gran ventanal del décimo piso se ve la ciudad en el atardecer, las luces pálidas del río. Desde aquí es fácil amar, siquiera momentáneamente, a Buenos Aires. Pero no es ninguna forma concebible de amor lo que nos ha reunido.

lunes, 11 de mayo de 2020

El cuello grande del cisne. Gonçalo M Tavares



Un cuello grande puede volverse violento, es una agresión a las ilustraciones el cuello grande, ¿entiendes? Pocas imágenes perturban más que la de un cisne con la cabeza separada del cuerpo, pero con las dos partes aún allí, visibles.
—¿Qué quieres? No puedes ni prohibir animales con cuello largo ni la debilidad. La debilidad es una invitación a los fuertes, ¿pero qué quieres hacer? Hazte fuerte y aún más fuerte, y basta. Evita el cuello largo. Cuando tu cuello comience a alargarse, córtalo.

Los proyectiles pesados . Gonçalo M Tavares




Las únicas ilusiones son sobre los muertos. Crees que ellos son mejores de lo que realmente son. La vida es una sola: obtener dinero o reputación e hijos para justificar delante de los demás el hecho de no tirarte desde un edificio; y la muerte forma parte de los vivos, es la segunda parte, como en las películas.

jueves, 16 de abril de 2020

El Gato. Héctor Álvarez Murena



¿Cuánto tiempo llevaba encerrado? La mañana de mayo velada por la neblina en que había ocurrido aquello le resultaba tan irreal como el día de su nacimiento, ese hecho acaso más cierto que ninguno, pero que sólo atinamos a recordar como una increíble idea. Cuando descubrió, de improviso, el dominio secreto e impresionante que el otro ejercía sobre ella, se decidió a hacerlo.



Libélula Maumy Gonzalez

Libélula

Maumy González

 http://revistamuu.com/mau-gonz%C3%A1lez.html



Le gusta mirarse el pie de apoyo cuando está en punta. La vida se le diluyó en un rigor casi lapidario hasta lograr esa curvatura del empeine. Le fascina la forma en que se integra con la canilla y el muslo, luego con la pelvis y el otro muslo y de ahí hasta la otra punta.  La zapatilla que baja y sube. Un salto, de nuevo la punta y luego, por un instante, la planta en el suelo. Sus clientes disfrutan de mirarla así: pura piel, abierta y elástica, demostrando un nivel de maleabilidad que los excita.

miércoles, 11 de marzo de 2020

ROCK SPRINGS, un cuento de Richard Ford





Edna y yo salimos de Kalispell camino de Tampa-St. Pete, donde todavía me quedaban algunos amigos de los buenos tiempos, gente que jamás me entregaría a la policía. Me las había arreglado para tener algunos roces con la ley en Kalispell, todo por culpa de unos cheques sin fondos, que en Montana son delito penado con la cárcel. Yo sabía que a Edna le rondaba la cabeza la idea de dejarme, porque no era la primera vez en mi vida que tenía líos con la justicia. Edna también había tenido sus problemas, la pérdida de sus hijos y evitar día tras día que Danny, su ex marido, se colara en su casa y se lo llevara todo mientras ella trabajaba, que era el verdadero motivo por el cual me fui a vivir con ella al principio; eso y la necesidad de darle a mi hija Cheryl una vida algo mejor.

martes, 20 de agosto de 2019

EL ANILLOElena Garro (México, 1916-1988)(cuento) 

Siempre fuimos pobres, señor, y siempre fuimos desgraciados, pero no tanto como ahora en que la congoja campea por mis cuartos y corrales. Ya sé que el mal se presenta en cualquier tiempo y que toma cualquier forma, pero nunca pensé que tomara la forma de un anillo. Cruzaba yo la Plaza de los Héroes, estaba oscureciendo y la boruca de los pájaros en los laureles empezaba a calmarse. Se me había hecho tarde.


 

domingo, 21 de julio de 2019

Las Aguas del Mar - Clarice Lispector -

Ahí está él, el mar, la más ininteligible de las existencias no humanas. Y aquí está la mujer, de pie en la playa, el más ininteligible de los seres vivos. Como el ser humano un día hizo una pregunta sobre sí mismo, se volvió el más ininteligible de los seres vivos. Ella y el mar.

Sólo podría haber un encuentro de sus misterios si uno se entregara al otro: la entrega de dos mundos incognoscibles hecha con la confianza con que se entregarían dos comprensiones.

Ella mira el mar, es lo que puede hacer. Él sólo está delimitado para ella por la línea del horizonte, es decir, por su incapacidad humana de ver la curvatura de la tierra.

Son las seis de la mañana. Sólo un perro suelto vacila en la playa, un perro negro. ¿Por qué es que un perro es tan libre? Porque es el misterio vivo que no se indaga. La mujer vacila porque va a entrar.

Su cuerpo se consuela con su propia exigüidad en relación a la amplitud del mar porque es la exigüidad del cuerpo la que le permite mantenerse caliente y es esa exigüidad la que la vuelve pobre y libre, con su parte de libertad de perro en la arena. Ese cuerpo entrará en el frío ilimitado que sin rabia ruge en el silencio de las seis de la mañana. La mujer no lo sabe, pero está cumpliendo una resolución. Con la playa vacía, a esa hora de la mañana, no tiene el ejemplo de otros humanos que transforme la entrada en el mar en el simple juego liviano de vivir. Está sola. El mar salado no está solo porque es salado y grande, y eso es una realización. A esa hora, ella se conoce todavía menos de lo que conoce al mar. Su coraje es el de, no conociéndose, no obstante proseguir. No conocerse es fatal, y no conocerse exige coraje.

Va entrando. El agua salada es de un frío tal que le eriza en ritual las piernas. Pero una alegría fatal —la alegría es una fatalidad— ya la atrapó, aunque ni se le ocurre sonreír. Por el contrario, está muy seria. El olor a marejada embriagadora la despierta de sus más adormecidos sueños seculares. Y ella ahora está alerta, incluso sin pensar. La mujer es ahora compacta y leve y aguda –y se abre camino en la gelidez que, líquida, se le opone y al mismo tiempo la deja entrar, como en el amor, en el que la oposición puede ser un pedido.

El andar lento aumenta su coraje secreto. Y de repente se deja cubrir por la primera ola. La sal, el yodo, todo líquido, la dejan ciega por unos instantes, escurriéndose toda —espantada, fertilizada.

Ahora el frío se transforma en frígido. Avanzando, ella abre el mar por la mitad. Ya no necesita coraje, ahora ya es antigua en el ritual. Sumerge la cabeza dentro del brillo del mar y emerge una cabellera que se escurre sobre los ojos salados que arden. Juega con la mano en el agua, pausada, los cabellos al sol ya se están endureciendo de sal. Con el cuenco de las manos hace lo que siempre hizo en el mar, y con la altivez de los que nunca darán explicaciones, ni siquiera a sí mismos: con el cuenco de las manos lleno de agua, bebe a grandes tragos, buenos.

Era eso lo que le estaba faltando: el mar por dentro, como el líquido espeso de un hombre. Ahora ella es igual a sí misma. La garganta alimentada se cierra por la sal, los ojos enrojecen por el sol, las olas suaves la golpean y vuelven, porque ella es una escollera compacta.

Se sumerge de nuevo, de nuevo bebe más agua, ahora sin avidez, porque ya no la necesita. Es la amante que sabe que volverá a tenerlo todo. El sol se abre más y la eriza al secarla, ella vuelve a zambullirse: está cada vez menos ávida y menos aguda. Ahora sabe lo que quiere. Quiere estar de pie, quieta en el mar. Y así se queda. Como contra los flancos de un barco, el agua golpea, vuelve, golpea. La mujer no recibe transmisiones. No necesita comunicarse.

Después, camina dentro del agua, de regreso a la playa. No está caminando sobre las aguas —ah, nunca haría eso después de que hace milenios ya anduvieron sobre las aguas— pero nadie le quita: caminar dentro de las aguas. A veces el mar le opone resistencia, empujándola con fuerza hacia atrás, pero entonces la proa de la mujer avanza un poco más dura y áspera.

Y ahora pisa la arena. Sabe que está brillante de agua, y de sal y de sol. Aunque lo olvide de aquí a unos minutos, nunca podrá perder todo eso. Y sabe de algún modo oscuro que sus cabellos escurridos son los de un náufrago. Porque sabe, sabe que corrió un peligro. Un peligro tan antiguo como el ser humano.

Felicidad Clandestina incluye los relatos:
Felicidad clandestina - Una amistad sincera - Miopía progresiva - Restos del carnaval - El gran paseo - Come, hijo mío - Perdonar a Dios - Tentación - El huevo y la gallina - Cien años de perdón - La legión extranjera - Los obedientes - El reparto de los panes - Una esperanza - Monos - Los desastres de Sofía - La criada - El mensaje - Boceto de niño a mano alzada - Historia de un gran amor - Las aguas del mundo - La quinta historia - Encarnación involuntaria - Dos historias a mi modo - El primer beso.

sábado, 20 de julio de 2019

LA DECADENCIA DE LA AMISTAD. Por Alejandro Dolina.

Muchos pensadores han creído notar que, en estos tiempos, la amistad es mas un tema de conversación que una actividad concreta. Por cierto, es relativamente fácil encontrar personas dispuestas a componer canciones sobre los amigos. En cambio es bastante difícil conseguir que esas mismas personas le presten a uno dinero. Según parece, el sentimiento amistoso se halla en decadencia. Todos los días uno tropieza con canallas que lejos de preocuparse por la escasez de amigos, se jactan de ella. -Yo, amigos, lo que se dice amigos, tengo muy pocos, o ninguno- nos gritan en la cara. Y no advierte que el sujeto esta esperando que lo feliciten por semejante hazaña. En los años dorados de Flores, cuando alcanzaban su apogeo la comprensión, la poesía y el juego del codillo, también existían enemigos de la amistad que preocupaban a los Hombres Sensibles.

 

lunes, 17 de junio de 2019

Alice Munro: Han llegado las naves espaciales

La noche de la desaparición de Eunie Morgan, Rhea estaba en casa del contrabandista de alcohol de Carstairs—Monk—, una casa estrecha, de madera, con las paredes manchadas de tierra hasta media altura a causa de los desbordamientos periódicos del río. La había llevado Billy Doud, que estaba jugando a las cartas, sentado a un extremo de la mesa, mientras en el otro extremo se desarrollaba una conversación.


sábado, 27 de abril de 2019

Refutación del Regreso. Alejandro Dolina

No hay sueño más grande en la vida que el Sueño del Regreso. El mejor camino es el camino de vuelta, que es también el camino imposible. Los Hombres Sensibles de Flores, en sus nocturnas recorridas por las calles del barrio, planeaban volver.
Volver a cualquier parte.


viernes, 26 de abril de 2019

Balada de la primera novia - Alejandro Dolina




El poeta Jorge Allen tuvo su primera novia a la edad de doce años. Guarden las personas mayores sus sonrisas condescendientes. Porque en la vida de un hombre hay pocas cosas mas serias que su amor inaugural.
    Por cierto, los mercaderes, los Refutadores de Leyendas y los aplicadores de inyecciones parecen opinar en forma diferente y resaltan en sus discursos la importancia del automóvil, la higiene, las tarjetas de crédito y las comunicaciones instantáneas. El pensamiento de estas gentes no debe preocuparnos. Después de todo han venido al mundo con propósitos tan diferentes de los nuestros, que casi es imposible que nos molesten.
    Ocupémonos de la novia de Allen.

jueves, 14 de febrero de 2019

El Péndulo

La revista porteña El Péndulo fue fundada y dirigida por Andrés Cascioli y Marcial Souto entre 1979 y 1987, aunque un desconocido primer número, nunca publicado, ya estaba listo en 1975. Surgida, inicialmente, como un Suplemento de Hum® y Ciencia ficción, del que se publicaron dos tímidos números, El Péndulo tuvo su nacimiento, como revista independiente, en septiembre de 1979. Durante los meses restantes de ese año, se publicaron los cuatro números que constituyeron la 1º época. Atractiva tanto por el colorido y creatividad de sus tapas, como por la inclusión de cuentos fantásticos y de ciencia ficción, de historietas y de ensayos sobre el género (además de críticas sobre cine, música y libros afines a los mundos imaginarios),