Cuando conseguí salir de mi ensimismamiento,para volver a la realidad, me encontré que estaba al principio de la calle Fuencarral, casi en la esquina con la Gran Vía. Supuse que la habría recorrido entera, como mínimo desde la glorieta de Bilbao. Llovía suavemente, pero yo llevaba paraguas, bastante viejo, aunque en buen estado. Seguí por Montera en dirección a sol. La lluvia no impedía a las tristes putas sujetar paredes, con los tacones, o con las nalgas. Un camión de bomberos subió con las sirenas puestas por la calle en dirección a Gran Vía. No había incendio alguno, quizás era tan solo un simulacro, o ganas de matar la tarde del sábado. Todos nos apartamos. Llegué a Sol. Allí era donde iba a coger el tren. Al llegar a la boca de acceso al tren y el metro, entre la calle de Alcalá y la Carrera de San Jerónimo, sentí cómo la gente se aglomeraba bajo cubierto, nadie había previsto la lluvia, nadie quería mojarse y, por tanto, salir fuera de aquellos escasos cinco metros cuadrados a resguardo. No podía acceder. Me abrí paso como pude.
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martes, 24 de junio de 2014
ENSIMISMARSE Y DESENSIMISMARSE
Cuando conseguí salir de mi ensimismamiento,para volver a la realidad, me encontré que estaba al principio de la calle Fuencarral, casi en la esquina con la Gran Vía. Supuse que la habría recorrido entera, como mínimo desde la glorieta de Bilbao. Llovía suavemente, pero yo llevaba paraguas, bastante viejo, aunque en buen estado. Seguí por Montera en dirección a sol. La lluvia no impedía a las tristes putas sujetar paredes, con los tacones, o con las nalgas. Un camión de bomberos subió con las sirenas puestas por la calle en dirección a Gran Vía. No había incendio alguno, quizás era tan solo un simulacro, o ganas de matar la tarde del sábado. Todos nos apartamos. Llegué a Sol. Allí era donde iba a coger el tren. Al llegar a la boca de acceso al tren y el metro, entre la calle de Alcalá y la Carrera de San Jerónimo, sentí cómo la gente se aglomeraba bajo cubierto, nadie había previsto la lluvia, nadie quería mojarse y, por tanto, salir fuera de aquellos escasos cinco metros cuadrados a resguardo. No podía acceder. Me abrí paso como pude.
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