martes, 10 de mayo de 2016

Mam-myoho-renge-kyo


Nam-myoho-renge-kyo

La esencia del budismo yace en la convicción de que, a cada instante, en nuestro interior existe la capacidad para superar cualquier problema o dificultad que podamos encontrar en la vida; la habilidad de transformar cualquier sufrimiento. Nuestras vidas poseen este poder porque son inseparables de la ley fundamental que subyace en el funcionamiento de toda la vida y del universo.

Nichiren, monje budista del siglo XIII en cuyas enseñanzas se basa la SGI, despertó a esta ley o principio y la denominó Nam-myoho-renge-kyo. A través de la práctica budista que desarrolló, proporcionó a todas las personas la forma de activarla en sus propias vidas y experimentar la alegría que se deriva de ser capaces de liberarnos del sufrimiento en el nivel más fundamental.

Shakyamuni, el fundador del budismo, fue el primero en despertar a esta ley unos 2 500 años atrás. Al descubrir que la capacidad de transformar el sufrimiento residía de forma innata en el interior de su vida, observó que esta capacidad estaba asimismo presente en la vida de todos los seres vivos.

Nam-myoho-renge-kyo podría ser descrito como un juramento, la expresión de la determinación de abrazar y manifestar nuestra naturaleza de Buda. Es el compromiso con nosotros mismos de no ceder jamás ante las dificultades y remontarnos victoriosos sobre nuestros sufrimientos. Al mismo tiempo, es el juramento de ayudar a los demás a revelar esta ley en sus propias vidas y alcanzar la felicidad.

Nam proviene del sánscrito "namas", que significa "dedicar o consagrar la vida".

Myo puede traducirse como "místico" o "maravilloso", y ho significa "ley". Esta ley es llamada mística porque resulta difícil de comprender. Pero, ¿qué resulta exactamente difícil de comprender? Es el prodigio de las personas comunes que, acosadas por la ilusión y el sufrimiento, despiertan a la ley fundamental en sus propias vidas, dándose cuenta de que inherentemente son Budas, capaces de resolver sus propios problemas y los de los demás.


Renge significa "flor de loto". La flor de loto es pura y fragante, inmaculada a pesar del agua fangosa en la que crece. Del mismo modo, la belleza y la dignidad de nuestra humanidad se revelan en medio de los sufrimientos de la realidad diaria.

Además, a diferencia de otras plantas, del loto brotan flores y frutos a un mismo tiempo. Esto ilustra el principio de la simultaneidad de causa y efecto; no tenemos que esperar a convertirnos en alguien perfecto en un futuro, podemos manifestar el poder de la Ley Mística desde el interior de nuestra vida en cualquier momento.

Kyo significa literalmente "sutra" y en este caso indica la Ley Mística que se asemeja a una flor de loto, la ley fundamental que permea la vida y el universo, la verdad eterna.

El carácter chino kyo da a entender también la idea de un hilo. Cuando se teje una tela, en primer lugar se colocan los hilos verticales. Estos representan la realidad básica de la vida. Son el marco estable a partir del cual se tejen los hilos horizontales.

Estos hilos horizontales, en representación de las diversas actividades de la vida diaria, conforman el patrón de la tela, aportando color y variación. El tejido de nuestras vidas se compone tanto de una verdad fundamental y duradera, como de la atareada realidad de nuestra existencia diaria, con su singularidad y variedad. Una vida tejida únicamente en base a hilos horizontales rápidamente se desbarata.

Estas son algunas maneras en las que el nombre de Myoho-renge-kyo describe la Ley Mística de la cual son expresión nuestras vidas. Recitar Nam-myoho-renge-kyo es un acto de fe en la Ley Mística y en la magnitud de las posibilidades inherentes de la vida. A lo largo de sus escritos, Nichiren enfatiza la relevancia de la fe. Escribe, por ejemplo: "En el Sutra del loto (…) se dice que uno sólo puede "obtener el acceso a través de la fe"1. De este modo, la fe es el requisito básico para entrar en el camino del Buda. La Ley Mística es la fuerza ilimitada inherente a nuestra vida.

Creer en la Ley Mística y recitar Nam-myoho-renge-kyo es tener fe en el propio potencial ilimitado. No es una frase mística que conlleva un poder sobrenatural, Nam-myoho-renge-kyo tampoco es una entidad que nos trasciende y de la que dependemos. Es el principio que afirma que, aquellos que viven vidas comunes y hacen esfuerzos continuados, triunfarán sin falta.

Recitar Nam-myoho-renge-kyo es manifestar la energía pura y fundamental de la vida, reverenciando la dignidad y las posibilidades de nuestras vidas comunes.


Nota:
1. Los escritos de Nichiren Daishonin, Soka Gakkai, Tokio 2008, pág. 148
http://www.sgi.org/es/budismo/conceptos-filosoficos/nam-myoho-renge-kyo.html

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