viernes, 3 de abril de 2015

Hotel Recuerdo Por Pablo de Santis

He conocido muchos hoteles misteriosos, pero los hoteles que a uno le resultan más enigmáticos son los de la propia ciudad. Aunque nunca fui, puedo soñar con ir a un hotel de China o de Egipto; me resulta mucho más difícil imaginar que duermo en un hotel en Buenos Aires. A veces miro a través del vidrio el hall de los hoteles de Callao o Avenida de Mayo, y pienso en los viajeros que llegan a la ciudad por primera vez, y les envidio esa mirada en la que todo está por estrenar.
Los hoteles, con su recambio de pasajeros, sus ruidos extraños, las vidas invisibles detrás de las paredes, siempre se han prestado para la ficción. Acostumbrado a la vida familiar, estar solo me parece una excentricidad que solo vivo cuando viajo. Son los hoteles en sí mismos los que me parecen el verdadero país extranjero, las puertas numeradas de una cultura exótica.
En cuanto a este cuento, lo escribí hace un par de años para el catálogo del Festival de Cine de Mar del Plata, que dirige el gran José Martínez Suárez. Al releerlo le hice cambios que alteraron por completo el sentido del cuento, espero que para mejor.

domingo, 29 de marzo de 2015

SALINGER

La muerte del autor de El cazador oculto –o El guardián entre el centeno– despertó el afán polémico de Gonzalo Garcés, quien, más allá de la gran calidad, ve en la literatura del narrador esquivo la expresión de un espíritu puritano. Otros escritores, entrevistados por Mauro Libertella, no opinan así. Además, textos que expresan, de distintos modos, el adiós a un maestro.

Por: Gonzálo Garcés
CONSAGRACION. Este cuadro de Robert Vickery (una témpera sobre madera) está en la Galería de Retratos del Instituto Smithsoniano, en Washington, y fue tapa de la revista Time en 1961. La portada del Time siempre fue consagratoria.
Uno aprende que Rabelais es divertido y excesivo y loco, para descubrir que es metódico y aburrido. Uno oye decir que Flaubert es impersonal, cuando hay pocos escritores cuya personalidad y opiniones invadan tanto sus novelas. Crece con la idea de que Cortázar es cálido y juguetón, aunque un poco sentimental, y descubre que es frío, cerebral, atento sólo al concepto abstracto de las cosas. Hay escritores así: por diversas razones, su renombre es justo lo opuesto de lo que son realmente. Para mí, J.D. Salinger es de ésos.