martes, 31 de julio de 2018

El sabio superviviente.George Steiner

Herculano, a 14 kilómetros de Nápoles, fue devastada por el Vesubio en el año 79 d. C., cuando también asoló Pompeya. Dice George Steiner que, hace poco, se encontraron en una villa de Herculano -¿por qué no en la Villa de los Papiros?- unos pergaminos carbonizados con ocho aforismos atribuidos a Epicarno de Agra, un moralista y orador del siglo II d. C. Ni los pergaminos ni su autor existieron nunca. Son una invención de Steiner para dar pie a su último ensayo, Fragmentos,
que acaba de editar Siruela.
Es bonito, breve y sugerente citar los ocho aforismos, primer avance de la bella, limpia y siempre precisa escritura de Steiner. Son éstos: "Cuando el rayo habla, dice oscuridad"; "Amistad, homicida del amor"; "Hay leones, hay ratones"; "El mal es"; "Canta dinero a la diosa"; "Desmiente al Olimpo si puedes"; "¿Por qué lloro cuando canta Arión?" y "Amiga Muerte".
George Steiner es el mayor sabio vivo.
Ya está, eso es lo que es Steiner. Su extenso saber se puede desglosar por parcelas de actividad: profesor universitario, experto en literatura comparada, lenguaje, traducción y educación, filósofo, ensayista polivalente, novelista, memorialista, crítico literario y cultural. Steiner también domina el campo científico (que estudió), especialmente las matemáticas, la física y la química. Se educó en tres idiomas (francés, inglés y alemán), habla y escribe en dos más y lee perfectamente el griego y el latín, que aprendió de niño y que forjaron su profundo conocimiento de la Antigüedad clásica. Alguna vez ha dicho que las tres obsesiones de su vida han sido la muerte, la memoria y el Holocausto.
Hijo de judíos vieneses, Francis George Steiner nació en París en 1929 con una malformación en el brazo derecho que, gracias al empeño de su madre, no le ha impedido ser diestro. Sus padres, ante el auge del nazismo, acababan de dejar Viena, donde siete años antes había nacido Elsa, su hermana mayor. Su padre era un abogado que trabajaba para la gran banca y su madre, una mujer culta y rica por casa. Steiner estudió en París en el liceo Janson de Sailly, fundado en 1848, el primer y más grande liceo plenamente republicano de Francia, en el que se han formado un considerable número de personalidades de la cultura y la política galas. Y también Carla Bruni.
En 1940, el padre ve cercana la ocupación de París por los nazis. Sintiendo que sus vidas corren peligro, la familia se traslada a Nueva York. Menos de un mes después, los nazis entran en París. De los muchos niños judíos que compartían colegio con George, sólo dos sobrevivieron a la barbarie nazi. Por eso, Steiner se considera un superviviente. La Biblia, el semitismo y el antisemitismo, la cultura judía y el Holocausto son, en efecto, asuntos recurrentes en la obra de Steiner.
Después de completar su formación en un liceo francés de Manhattan, George Steiner estudió en las universidades de Chicago, Harvard y Oxford, continuando una vida de frecuentes desplazamientos. Tiene la nacionalidad norteamericana desde 1944.
Ahora toca resumir su larga y móvil vida universitaria y académica, matriz de su dedicación al estudio y al pensamiento: ha sido profesor en las universidades de Massachusetts, Innsbruck, Cambridge, Princeton, Oxford y Harvard. Su más duradero asentamiento lo tuvo, no obstante, en la universidad de Ginebra, donde enseñó Literatura Comparada entre 1974 y 1994.
De su actividad universitaria deduzcamos, al menos, tres coletillas sustanciales. Siendo articulista del semanario londinense The Economist, Steiner conoció y se casó en 1955 con la historiadora Zara Shakow, que, mira por dónde, también había estudiado en Harvard. El matrimonio ha tenido dos hijos, David y Deborah, dedicados a la enseñanza universitaria.
De la tesis de doctorado en Oxford surgió uno de los mayores libros de Steiner, La muerte de la tragedia. Tenía 32 años cuando publicó este análisis de la tragedia griega, de sus consecuentes, de su ausencia en la cultura oriental y de su progresivo adelgazamiento en la literatura occidental.
Su cultivo de la literatura comparada se manifestó, a las primeras de cambio, en Tolstói o Dostoievski (1960), estudio ya canónico y clásico de las similitudes y, sobre todo, las diferencias entre los dos gigantes de las letras rusas del XIX, entre el temperamento épico del primero y el talante trágico del segundo.
Este libro está accesible en Siruela, que ha editado en castellano casi 20 libros de Steiner, entre ellos, George Steiner en The New Yorker, voluminosa compilación de las decenas y decenas de críticas de libros publicadas por nuestro autor durante años en el semanario neoyorkino, uno de los pilares de su prestigio.
En Siruela podemos encontrar también Errata (1997), su autobiografía, y otros dos libros, entre muchos otros, altamente recomendables por su perspicacia, claridad expositiva y agudeza de discurso:
Nostalgia del absoluto (1974), sobre el declive de las religiones como sistema de certezas y su sustitución por los pensamientos sistemáticos de Levi-Strauss, Marx o Freud, y La idea de Europa (2005), un ensayo imprescindible sobre los rasgos constituyentes y los problemas del viejo y agónico continente. Después de Babel(2001), otro de sus libros medulares, sobre las relaciones entre el lenguaje y la traducción, fue editado en castellano por el Fondo de Cultura Económica.
Premio Príncipe de Asturias de Comunicación y Humanidades (2001) e ineludible desmenuzador de la filosofía de Heidegger, George Steiner propone en Fragmentos un misceláneo conjunto de ensayos brevísimos, agudos, penetrantes, gozosamente eruditos, muy libres y personales, con toques de humor y de provocación, sobre asuntos como el mal, el dinero, la amistad, la religión o la música, culminando con una terrible -¡terrible!- reflexión sobre la vejez y la muerte, que le lleva a mostrarse partidario de la prudente regulación de la eutanasia: sólo entonces la muerte -viene a decir- se volverá una amiga, "una invitada de honor incluso al rayar el alba".

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