jueves, 9 de mayo de 2019

Hamlet Lima Quintana Poema once

Puesto que no se trata, digamos, de nosotros,
de ti o de mi, sino de todos,
es que a veces la soledad nos muerde
como un perro en la tarde, como un misterio,
como una incertidumbre.
Puesto que no se trata de ponerse la ropa
o desnudarse delante de la gente.



Puesto que no se trata de vivir hacia atrás,
entre espejos de historias ni memorias,
ni se trata tampoco de iluminar la escena
ni maquillarse el rostro para un dispuesto aplauso,
es como si todo fuera a amanecer
desamparado, inútil, tonto.
Puesto que no se trata de robar a los otros.
Ni tampoco, quizá, de que nos roben.
No se trata de hacer que nos dispongan
alguna sociedad para la muerte,
ni tampoco perder la dignidad que queda
en los acuerdos de relaciones públicas.
Puesto que todo se halla así, como dispuesto
por una autoridad incompetente,
puesto que nadie dice la palabra
ni el eco, ni lo pensado anoche,
es una soledad como un misterio,
absurda, cómica,
insondable.

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